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En Kenia, un dispensario ha cambiado la realidad de las madres

Martes, noviembre 15th, 2011

En 2008, el personal de World Vision en Kenia ayudó a las familias de Nyalunya a construir un dispensario con el objetivo de  reducir la mortalidad infantil y de las madres al momento de dar a luz. Gracias al apadrinamiento de niños, también formamos a mujeres de la comunidad para que sean trabajadoras de salud comunitarias y puedan educar en prácticas de higiene a las familias de su comunidad y prestar atención primaria antes de derivar los enfermos al centro de salud. Aquí te contamos cómo ha mejorado la calidad de vida de las madres gracias a este dispensario.

La comunidad de Nyalunya sabe lo difícil y arriesgado que es tener un centro de salud alejado porque antes de construir el dispensario el centro médico más cercano estaba a 25 kilómetros. Muchas de sus mujeres tenían que dar a luz en zonas rural sin la ayuda trabajadores cualificados, de hecho en la actualidad solo el 44% de los nacimientos en Kenia es asistido por personal cualificado y sin las condiciones médicas óptimas por lo que miles de niñas y mujeres mueran al año por complicaciones en el parto o durante el embarazo.

El dispensario fue creado en 2008 gracias a las donaciones provenientes del apadrinamiento de niños y según asegura Wycliffe Obiero, el encargado clínico del dispensario, este proyecto ayuda a salvar vidas porque gracias a él se ha reducido entre un 40% y un 60% el índice de mortalidad maternal e infantil en Nyalunya .

Entre otros servicios, el dispensario, consta de una unidad de maternidad que está operativa incluso de noche para atender a las mujeres que están de parto en cualquier momento y controlar a los recién nacidos. También tiene un laboratorio que permite hacer pruebas que detectan la tuberculosis, la malaria, el VIH y medir los niveles de hemoglobina, además cuenta con instalaciones necesarias para tratamientos retrovirales a personas que viven con el VIH y el sida. 

La historia de Damaris

Damaris Omega se puso de parto cuando visitaba a su madre en una zona rural de Kenia, ella dio a luz a sus anteriores hijos en un hospital de la ciudad, pero esta vez tuvo que enfrentarse a los riesgos que se exponen las mujeres de las zonas rurales cada día. Tuvo suerte y gracias a la ayuda de una enfermera retirada que vivía en los alrededores, el parto no tuvo complicaciones. Zawadi Charo, otra madre keniata, no ha tenido tanta suerte y ha perdido a tres hijos en partos tradicionales.

Para ayudar a mujeres como Damaris y Zawadi, World Vision forma en materia de salud a mujeres de la comunidad que pueden transmitir sus conocimientos al resto de familias enseñando buenos hábitos sanitarios y hacer una primera evaluación médica para comprobar si necesitan atención en el dispensario o en el hospital más próximo.

Cada vez son más mujeres que recurren al dispensario para dar a luz y continúan con seguimientos posteriores incluso llevan a su hijos a controles médicos y a vacunarles. Si quieres colaborar a seguir reduciendo la mortalidad infantil y maternal en Kenia puedes apadrinar a un niño de África (Ghana o Malí) y ayudar a construir más dispensarios entre otras actividades de salud.

Las mujeres ghanesas reciben formación y desarrollan nuevas habilidades para alcanzar la independencia económica

Jueves, abril 7th, 2011

Parte de los proyectos de desarrollo que World Vision realiza con las comunidades en Ghana consiste en impulsar pequeños negocios que activan la economía de las familias y otorgan a la mujer un papel protagonista en este proceso. Aquí te contamos la historia de varias mujeres que cambiaron su vida gracias a los microcréditos.

La mayor del grupo de las mujeres que diseñan telas y tintes es Janet Awusi, una mujer de 55 años con cinco hijos. El trabajo no es ninguna novedad para Janet, lo ha hecho sin descanso durante toda la vida, pero lo que sí es innovador es que ella gestione, junto con otras mujeres de la comunidad, un negocio.

En las zonas rurales de Ghana, como sucede en poblaciones de similares características de otros países africanos,  es tradición que la mujer desempeñe el papel de cuidadora de la casa, que recoga agua y leña y prepare los alimentos.  Por ello, cuando World Vision inició los ciclos de formación para mujeres, Janet no dudó en ser una de las 30 participantes en formarse para impulsar un negocio en el que se fabricasen tintes para telas, jabón o pomadas.

“Tanto mis compañeras como yo le debemos mucho al proyecto de World Vision, gracias a él, podemos aportar algo de dinero a nuestro hogar sin desatender el cuidado de nuestras casas y nuestros hijos”, concluye Mary Nortey, otra de las mujeres veteranas del grupo que ocupa parte de su día en la fabricación de tintes para telas, jabón, pomadas y diseño de telas. Como Janet, cuando Mary era niña no pudo elegir qué quería ser de mayor, así que, siguiendo con la costumbre, se casó y tuvo hijos.

Todas las mujeres que trabajan en la fábrica son madres que ya tenían una ocupación previa: cuidar de la casa y de los hijos. El programa tenía que adaptarse por tanto a sus características, capacitándolas para impulsar negocios cuyo mantenimiento no requiriese de una jornada completa.

“Ahora, puedo pagar la escuela de mis niños”, dice Victoria quien, hasta el momento, no había podido escolarizar a ninguno de sus cuatro hijos porque no podía permitirse las tasas de matriculación. Los menores de los ocho hijos que Kordor Doris ha dado a luz en sus 45 años de vida, no hubiesen podido recibir una educación de calidad de no haber sido por el dinero que obtiene cada mes gracias al negocio en el que ahora trabaja.

Una decisión propia

La fábrica de tintes no sólo es una ocupación y una forma de obtener cierta independencia económica, para muchas de ellas el hecho de impulsar este negocio suponía la primera decisión que habían tomado por sí mismas. Nunca nadie les dio la oportunidad de elegir si querían recibir formación o decidir a qué se querían dedicar. World Vision les brindó el apoyo y la formación suficiente como para que tomasen conciencia de que ser mujer en África no era sinónimo de estar doblegada ante las decisiones de otros.

Trabajan tanto en grupo como de forma individual. “Esto les otorga confianza a cada de una de ellas, se apoyan la una en la otra y hace que su negocio aspire a conseguir mayores ganancias” opina Philomena Cobbina, de World Vision Ghana. Además de la formación, las mujeres recibieron dinero para comprar los materiales necesarios para elaborar estos productos, como una ayuda a la inversión inicial que ellas habían realizado para impulsar su negocio. “De  momento les va muy bien, todo lo que producen se vende fácil, porque son productos de uso diario”, añade Cobbina.   
Estas historias son posibles gracias al apadrinamiento de niños

Gracias a las donaciones y a los apadrinamientos de niños trabajamos para dar formación, no sólo a los niños, sino también a las mujeres. Consideramos que la educación es la base sobre la que debe asentarse cualquier cambio social, por ello, si conseguimos que las mujeres en las comunidades rurales de Ghana obtengan formación con la que puedan conseguir cierta independencia económica estaremos iniciando el camino para que puedan cambiar el rol que durante siglos se han visto obligadas a jugar.