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“Yo fui feliz en Ghana. Vi a gente que ama a su gente”

Martes, abril 19th, 2011

A mediados de febrero, la fotógrafa Ángela Martín Retortillo visitó los proyectos de desarrollo que realizamos en Zabzugu, una de las regiones más desfavorecidas de la zona norte de Ghana, y donde trabajamos con las comunidades gracias al apoyo de los padrino.

El viaje introdujo a la fotógrafa en la dura realidad que enfrentan los pobladores de esas comunidades, pero también le mostró cómo el apadrinamiento de niños genera una ayuda integral para todas las familias y cómo viven los niños las visitas de sus padrinos.


¿Cuál fue tu impresión de la realidad que viven los niños del norte de Ghana?

El norte de Ghana, en la región de Zabzsugu ,que bordea con Togo, es una región extremadamente pobre, proclive a todo tipo de inclemencias del tiempo, como sequías e inundaciones. Las mujeres en esa zona tienen una media de seis y siete hijos. Viven en chozas de adobe, normalmente, construidas en círculo, de tal manera que las familias polígamas viven cada una en un conjunto de chozas. Los niños tienen poco acceso a la sanidad, muy pocos están escolarizados, duermen en una esterilla en el suelo, caminan descalzos y visten ropas muy desgastadas. En muchas aldeas no hay pozos de agua potable y los niños caminan largas distancias para llevar agua de un sitio a otro. A pesar de todo eso, tengo que decir que la cantidad abrumadora de niños que venían a saludar en cada lugar que visitábamos era una alegría. Todos querían tocarnos y saludarnos. A pesar de sus condiciones de vida extremadamente difíciles, el formar parte de comunidades con tantos niños favorece en ellos el sentido de pertenencia.

Como fotógrafa has sido testigo de la pobreza en la que viven muchos niños en diferentes partes del mundo ¿Te quedas con algún recuerdo en específico de la realidad de la infancia en Ghana?

En Ghana la naturaleza no es especialmente generosa, así que los problemas de alimentación son graves. Se ven demasiadas barrigas hinchadas (que muestran graves problemas de nutrición). En cualquier caso, los niños son niños en todas partes y a todos les gusta jugar, dar patadas a una pelota o correr. Allí se ven muchas niñas llevando a otros niños más pequeños a sus espaladas, ejerciendo las funciones de ” mamá” desde muy temprano. Por ejemplo, una niña de siete años lleva a la espalda a su hermanito de cuatro. También me llamó la atención  el sentido de respeto a los mayores. En el momento de saludar, muchos no miraban a los ojos, bajan la cabeza. Eso es lo que les enseñan en relación con las personas de más edad a las que se les debe un trato de respeto.

¿Qué opinión te merece el trabajo que realizan nuestros compañeros de World Vision en el terreno?

El personal de World Vision en Ghana me pareció extremadamente profesional y atento. Son personas que conocen muy bien la zona y hacen un trabajo de campo exhaustivo en zonas remotas, a veces de muy difícil acceso. Hicieron que nuestra estancia fuese de lo más agradable, nos facilitaron toda la información que les pedíamos y organizaron toda la logística del viaje.

¿Qué destacarías del trabajo de World Vision en Ghana?

Su forma de entender el apadrinamiento de niños es tan exhaustivo que me gustó sobre todo eso: el acercamiento integral al desarrollo desde el punto de vista de la higiene, salud, educación, etc…

Presenciaste dos encuentros de madrinas con sus niñas apadrinadas ¿Cómo describirías estas visitas?

Fueron muy emocionantes. La familia de la niña apadrinada hacía de la visita un evento especial, limpiaron y recogieron su choza para que estuviera todo impecable. Aunque desde World Vision se indica que no es necesario hacer ningún regalo, las familias ofrecían a los visitantes huevos de gallina y otros productos locales Las despedidas eran siempre tristes. En un momento dado, Mapa, una de las niñas apadrinadas desapareció de nuestra vista y luego nos dimos cuenta de que se había metido en unos coches. ¡Se quería venir con nosotros!

Finalmente, ¿Qué le dirías a quienes leen esta entrevista y deseen colaborar para mejorar el presente y el futuro de los niños de Ghana?

Les animaría a que apadrinen porque es una forma muy gratificante de participar en el desarrollo de una comunidad. Y desde luego si tienen la oportunidad de visitar el país, les animo encarecidamente. Yo fui feliz en Ghana. Vi a gente que ama a su gente. Eso no se da en muchos de los países de la zona

Los niños de Ghana necesitan más padrinos que les ayuden a disfrutar de una mejor calidad de vida ¡Apadrina!

Lee las historias de otros padrinos que también han vivido la satisfacción de conocer a sus niños apadrinados y ver el impacto de su ayuda

Las mujeres ghanesas reciben formación y desarrollan nuevas habilidades para alcanzar la independencia económica

Jueves, abril 7th, 2011

Parte de los proyectos de desarrollo que World Vision realiza con las comunidades en Ghana consiste en impulsar pequeños negocios que activan la economía de las familias y otorgan a la mujer un papel protagonista en este proceso. Aquí te contamos la historia de varias mujeres que cambiaron su vida gracias a los microcréditos.

La mayor del grupo de las mujeres que diseñan telas y tintes es Janet Awusi, una mujer de 55 años con cinco hijos. El trabajo no es ninguna novedad para Janet, lo ha hecho sin descanso durante toda la vida, pero lo que sí es innovador es que ella gestione, junto con otras mujeres de la comunidad, un negocio.

En las zonas rurales de Ghana, como sucede en poblaciones de similares características de otros países africanos,  es tradición que la mujer desempeñe el papel de cuidadora de la casa, que recoga agua y leña y prepare los alimentos.  Por ello, cuando World Vision inició los ciclos de formación para mujeres, Janet no dudó en ser una de las 30 participantes en formarse para impulsar un negocio en el que se fabricasen tintes para telas, jabón o pomadas.

“Tanto mis compañeras como yo le debemos mucho al proyecto de World Vision, gracias a él, podemos aportar algo de dinero a nuestro hogar sin desatender el cuidado de nuestras casas y nuestros hijos”, concluye Mary Nortey, otra de las mujeres veteranas del grupo que ocupa parte de su día en la fabricación de tintes para telas, jabón, pomadas y diseño de telas. Como Janet, cuando Mary era niña no pudo elegir qué quería ser de mayor, así que, siguiendo con la costumbre, se casó y tuvo hijos.

Todas las mujeres que trabajan en la fábrica son madres que ya tenían una ocupación previa: cuidar de la casa y de los hijos. El programa tenía que adaptarse por tanto a sus características, capacitándolas para impulsar negocios cuyo mantenimiento no requiriese de una jornada completa.

“Ahora, puedo pagar la escuela de mis niños”, dice Victoria quien, hasta el momento, no había podido escolarizar a ninguno de sus cuatro hijos porque no podía permitirse las tasas de matriculación. Los menores de los ocho hijos que Kordor Doris ha dado a luz en sus 45 años de vida, no hubiesen podido recibir una educación de calidad de no haber sido por el dinero que obtiene cada mes gracias al negocio en el que ahora trabaja.

Una decisión propia

La fábrica de tintes no sólo es una ocupación y una forma de obtener cierta independencia económica, para muchas de ellas el hecho de impulsar este negocio suponía la primera decisión que habían tomado por sí mismas. Nunca nadie les dio la oportunidad de elegir si querían recibir formación o decidir a qué se querían dedicar. World Vision les brindó el apoyo y la formación suficiente como para que tomasen conciencia de que ser mujer en África no era sinónimo de estar doblegada ante las decisiones de otros.

Trabajan tanto en grupo como de forma individual. “Esto les otorga confianza a cada de una de ellas, se apoyan la una en la otra y hace que su negocio aspire a conseguir mayores ganancias” opina Philomena Cobbina, de World Vision Ghana. Además de la formación, las mujeres recibieron dinero para comprar los materiales necesarios para elaborar estos productos, como una ayuda a la inversión inicial que ellas habían realizado para impulsar su negocio. “De  momento les va muy bien, todo lo que producen se vende fácil, porque son productos de uso diario”, añade Cobbina.   
Estas historias son posibles gracias al apadrinamiento de niños

Gracias a las donaciones y a los apadrinamientos de niños trabajamos para dar formación, no sólo a los niños, sino también a las mujeres. Consideramos que la educación es la base sobre la que debe asentarse cualquier cambio social, por ello, si conseguimos que las mujeres en las comunidades rurales de Ghana obtengan formación con la que puedan conseguir cierta independencia económica estaremos iniciando el camino para que puedan cambiar el rol que durante siglos se han visto obligadas a jugar.