La escritora Elvira Lindo alterna la gira de su obra “Algo más inesperado que la muerte” con los preparativos para el rodaje de su guión de cine, que se rodará en Nueva York.
Alexia Salas
Su deje madrileño y la ambientación de barrio de su famoso Manolito Gafotas despistan del origen gaditano de esta escritora de éxito. Elvira Lindo (Cádiz, 1962) alterna sus artículos de opinión en prensa con la gira de su obra de teatro, “Algo más inesperado que la muerte”. No es el primero, ni será el último, ya que en pocos meses comenzará a rodarse su última historia en Nueva York, donde pasa largas temporadas con su marido, el escritor Antonio Muñoz Molina, quien dirigió allí hasta hace un año el Instituto Cervantes. Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, parece que Manolito, el personaje al que ella misma puso voz en un programa radiofónico, persigue a la escritora con demasiada insistencia después de 10 años. “He cambiado”, dice, “ya no escribo igual”.
MM. La obra plantea, entre otros temas, el sexo como instrumento para el éxito ¿después de tantos años de lucha por la igualdad seguimos así?
EL. No es exactamente el sexo lo único que atrae. La juventud, la inocencia, a veces las cosas materiales nos atraen más de lo que decimos, y hacemos lo que sea por conseguirlos. Es eterno. Lo hacen los hombres y las mujeres, aunque es algo femenino aprovecharse de eso. Cada uno en su sitio intenta escalar en el mundo social. Los animales hacen lo mismo.
MM. Igual que con Manolito, parece que casi todos sus personajes son muy reales. Recuerda lo que dijo Chejov sobre que hay que hacer poderosas las palabras humildes e interesante a la gente vulgar.
EL. Chejov es uno de mis santos laicos y todo lo que dice tiene que ver conmigo o describe mis afinidades, deseos, miedos. Entre mis libros siempre me acompaña y fue un escritor muy popular. Mi marido le preguntó a una mujer que sabía ruso y dijo que es completamente sencillo y transparente. La transparencia es fundamental. Quiero que se me entienda. Cada escritor tiene su sintaxis en la cabeza y en el corazón, y la mía quiero que sea sencilla aunque exprese algo complejo.
MM. ¿Elvira Lindo es una marca de éxito?
EL. ¡Uff!, no sé, así, al escuchar el nombre completo…Me siento más identificada con los diminutivos, porque Elvira es un nombre muy grande, y al oírlo así, completo…
MM. ¿Cómo la llaman los suyos?
EL. Elvi y de todos los diminutivos de Elvira, e incluso motes en el colegio, porque no me pegaba un nombre tan grave. Me echa para atrás porque no va con mi personalidad. Ahora se amplifica con Internet y ves tu nombre repetido, y la marca lleva incluidas características de tu personalidad fijas, y me revelo, porque he ido cambiando. Ya no escribo como hace años.
MM. Es una realidad sin embargo que su obra vende, ¿cómo lleva la vanidad?
EL. La tengo muy a raya porque creo que no soy especialmente vanidosa. Soy lo justo. Lo que hay que ser. A veces te invade la inseguridad. En este oficio hay que tener un nivel de vanidad para protegerte, y hay parte del ego que es legítimo, pero nada enfermizo, porque a mí me gusta rodearme de gente que admiro. Cuando estás capacitado para admirar, mantienes la vanidad a raya.
MM. ¿Qué le preocupa a estas alturas?
EL. Mi marido y yo tenemos cuatro hijos. Me preocupa su felicidad y que se encaminen en la vida, que sean personas decentes y capaces. Que tengan una vida estupenda. Luego, con el tiempo me he construido una vida privada que me gusta, que quiero mantener, una vida interesante y bonita, con un grado de libertad, que vas de aquí a allá. Me dicen que no lo diga porque provoca envidia pero es así. Quiero además que esta obra salga bien, y que salga el guión de cine que he escrito. Son cosas que escribí hace un año y medio o dos y que dependen de otras personas y del dinero.
MM. ¿Supone un cambio en su estilo de trabajo?
EL. Bueno, el guión se rodará el año que viene y la diferencia es que se hará en Nueva York.
MM. ¿Cómo disipa sus temores, cuando la acechan?
EL. Me los callo y sufro y me los reservo dos días o así hasta que los cuento y es cuando empiezan a aclararse. Se los cuento a mi marido y mejoran al ver que los expresas. Ves que se repiten las inseguridades. Compartir la inseguridad por no ser entendido es algo frecuente entre la gente que está en este oficio.
























