
Carlos Moreno, un tenor murciano que triunfa en los teatros más emblemáticos de la ópera mundial.
Alejandra Yáñez Andrades
El pasado mes de enero volvió a España para representar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid la obra del maestro Ruperto Chapí, “La Bruja”, acto que pretendía rememorar el estreno de la obra 130 años atrás en el mismo escenario. El tenor nos recibe en el hotel Vincci Centrum, un lugar que respira mucho teatro y ubicado en el triángulo artístico de Madrid, entre los museos Prado, Thyssen y Reina Sofia.
Fijada su residencia en Alemania, ha pisada las grandes plazas de las artes escénicas, como el Kennedy Center en Washington DC, el Liceo de Barcelona, y lugares con larga tradición en música lírica como Florencia, Kaiserslautern, Nuremberg, Frankfort o Piacenza.
P: ¿Cómo y cuando te descubriste como tenor?
R: Yo soy de Abarán, un pueblo murciano cercano a la capital, y allí cantaba en el coro, y una persona me dijo “tú tienes una voz importante”. Eso me animó a estudiar en Murcia durante tres años, y luego otros tres en Madrid. Gané una beca mediante un concurso para estudiar unos años en Filadelfia, dónde gané otros concursos, y de ahí el salto a la escena profesional.
P: ¿Con qué maestro te encuentras más cómodo en el escenario?
R: Desde que empecé, con Puccini, es el que más se acerca al alma humana. Enseñamos su legado, pero el genio es él.
P: ¿Cómo se mantiene en forma un cantante de ópera?
R: La voz es nuestra herramienta de trabajo y la cuidamos. Para nosotros es un trabajo diario calentar las cuerdas vocales, la garganta y los músculos del diafragma antes de cada ensayo y representación para que no estén frías. Tenemos horas y horas de ensayo diarios. Primero los ensayos musicales de canto y después los de interpretación.
P: Además de cantantes sois actores, ¿Cómo se consigue conjugar las dos facetas?
R: Esto se consigue gracias a un director de escena que desarrolle tus facultades. Tenemos que hacer las cosas creíbles, no como se hacían 80 años atrás. La ópera ha evolucionado.
Hace unos meses interpreté Otelo, y el director me decía, “cuando te mueves eres muy tenor”, y yo me sentía como un toro o un búfalo. Los gestos en un escenario de teatro tienen que ser amplios para que todo el mundo te vea, se quiere ver a un tenor más humano, más natural. Nos llevábamos fatal, pero el resultado fue muy bueno, al final nos comentamos, “me gusta mucho que te esfuerces”, y yo a su vez le respondí, “y yo que saques partido de mi cuerpo”.
P: ¿Un deseo por cumplir?
R: Poder representar en un gran teatro “La Fanciulla del West” de Puccini, o “La forza del destino” de Verdi, que son mis preferidas.
P: Tu profesión exige grandes viajes, ¿Cuál sería tu lugar ideal?
R: He vivido en Estados Unidos, resido actualmente en Alemania, pero destaco especialmente Honolulu, por conseguir una paz espiritual y la gente es muy abierta, pero sin duda, mi lugar ideal para vivir es Italia.

P: ¿Cómo y dónde te vistes?
R: Me gusta la ropa cómoda, de sport, sobretodo para los ensayos. Para las galas cuento con dos frac, zapatos de charol negro y camisas con pajarita blanca.
Normalmente compro la ropa en EEUU, aunque en Alemania me sorprendió un C&A con una planta de caballero en talla grande deportiva y juvenil.
P: ¿Un mensaje para los lectores y lectoras de Mujer Magnolia?
R: Una enconada defensa para todas esas personas que no tenemos un cuerpo esbelto, pero tenemos un corazón que no nos cabe en el pecho.
P: ¿Cómo mantener la llama del teatro viva?
R: Todos nos necesitamos para crear la magia del teatro, gracias por acercar la ópera al pueblo.























